Fuerza mexicana en la Tribuna

Los aullidos de la guitarra de César (El Vampiro) López —ex integrante de las alineaciones Azul Violeta y Maná—, conectados a la batería de Alfonso André y comandados por el legendario vocalista, bajista y guitarrista Saúl Hernández, activan el cóctel de este símbolo global del rock iberoamericano con más de 10 años pulverizando millones de gargantas al pie del cañon de sus explosivos conciertos compartidos con los Rolling Stones, Peter Gabriel, Molotov, Maldita Vecindad, Fobia...
Parte de su historia se trenzó en algunas zonas de las calles mexicanas donde el corazón despierta cada día a todo galope. La génesis de la banda ocurrió en 1988 bajo el nombre de Caifanes y la dirección de Saúl Hernández, con una visible influencia de The Cure en la euritmia de sus cuatro álbumes: Caimanes, El Diablito, El Silencio, y El Nervio del Volcán.
Su desintegración dio lugar a la formación de Jaguares en 1996. La nueva escudería capitaneada igualmente por Saúl, evolucionó hacia caminos experimentales empujados por montañas de libertad artística levantadas por su "frontman" y conductor.
Así conoció la luz el antológico álbum El equilibro de los Jaguares, seguido de Bajo el Azul de Tu Misterio, Cuando la sangre galopa, El primer instinto, hasta llegar a Crónicas del Laberinto que marca la mayoría de edad de esta banda, aunque en El Equilibrio... sigue guarneciéndose una diadema fulgurante.
La arqueología de su música revela un blindaje indivisible nutrido de dominios "zeppelianos", pasando por el afelpado glam de David Bowie, fogonazos punketeros a lo Dead Kennedys y claras reverencias a Los Beatles, cuyo patrimonio seguirá entoldando los túneles neuronales de la cultura contemporánea.
En la textura recóndita de su música late un llamado de ¡ALERTA! que denuncia la corrosiva situación de los marginados del continente de Emiliano Zapata y Ernesto Che Guevara. Seculares convocatorias a favor del cumplimiento de los derechos de los pueblos originarios, así como una resonante denuncia de los crímenes contra mujeres en la ciudad de Chihuahua, constituyen trincheras de su compromiso político y artístico.
Temas como Las ratas no tienen alas, Dime Jaguar, Cuando la sangra galopa, y Ayer me dijo un ave que volaba —dedicado a las víctimas del feminicidio— son algunos de los coreados al unísono en sus conciertos.
Con su más reciente actuación en la ciudad de Chihuahua frente a 40 000 espectadores, Jaguares viene demostrando que la verdadera alma del rock and roll —alimentada en Woodstock 69— alienta bríos negados a fenecer a pesar del suculento negocio de fabricar bandas "contraculturales" y tendencias "rebeldes" para engañar a millones en todo el mundo.

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